Una estridente cacofonía en mi cabeza me dice que he despertadoy que es hora de volver a sentirme con raíz y sin ramas.
Abrir los ojos me custa demasiado;
el perfume de la almohada me lo impide.
Lo agrio de la saliva
y el calor de las sábanas infectadas de tu ausencia
me dicen lo contrario.
Hoy puede ser un gran día;
la gente que atropella me motiva a salir;
el sol radiante y el olor a limpio de la gente en las mañanas
me dan alergia.
Y dicotomías en millonésimas de segundo.
Minutos.
Y los brazos gélidos del aparato recalcitrante
vuelven a empujarme a salir
con un sonido circular y ascendente.
No me convence para nada el cuadro colgado tras la cortina
ni el expuesto en el pasillo.
La realidad que deja atrás el picaporte me parece más atractiva.
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