Wednesday, December 07, 2016

Posmoderna

¡Oh, dulce patriarca! Que piensas que la violencia de género no es más que un manoseo en la calle por parte de un ciudadano pobre y sucio o que las mujeres no podemos ascender en nuestros trabajos porque tenemos jefes con pollas muy gordas, que no la quieren dar a torcer. Eres tan naif, que casi pareces un filósofo... moderno.

Sunday, July 11, 2010

Décimas a mi partida.

Ya se acaba esta condena
lo digo porque me acerco
a esa que ha sio' mi cerco,
mi calvario, celda y pena.
Me libera y me encadena
a mis vivos y a mis muertos;
ahora lloro, no les miento
y aunque quiero volar pleno
me devuelvo a mis terrenos
pa' intentar un nuevo acierto.

Vuelve el perro, dice el cuento
vuelve y viene arrepentido
como el pájaro a su nido
después de sentir el viento.
Arrepentida hoy me siento
de haber embobado a todos
y ya no tengo otro modo
de pedirle me disculpe.
Amaré a quien no me escupe
ni entierre mi ego en el lodo.

Y vuelvo después de todo
maldiciendo a la distancia
a gauchos y a su arrogancia
y cualquier tipo de odio.
Me toca subir al podio
y gritar dos, tres verdades:
he visto atrocidades
en este país sin rienda
pero me dieron contienda,
así como amistades.

Maldigo las sociedades
las banderas, las fronteras.
Del otro lado me espera
techo y comodidades.
No más adversidades
al menos por un tiempo.
Me voy pa' buscar mi centro,
lejos de estos buenos aires;
me han recibido grandes,
pero me espera un reencuentro.

Me vuelvo pa'llá pa'entro
con mi amor y mis hermanos
Concepción y sus ciudadanos
son lo que yo tengo dentro.
Del terremoto, epicentro
y de mi calor, la fuente.
Acá se acabó mi suerte
de allá viene mi alegría;
pero hay una gota fría
y la pone mi presidente.

No vengo a ofender la gente
perdónenme, estoy sensible.
Pero ha sido aborrecible
el tiempo que llevo ausente.
Lo digo concientemente
pero prefiero Santiago,
Valparaíso, el gran mago,
a Caminito y La Boca.
Regreso y me dirán loca,
con mi amado y mis amigos.
Bonzo y Quemarropa.
Él recordaba que esa tarde, caminando por el paseo peatonal, le había comentado a su nuevo amigo, que tenía un nuevo plan para llamar la atención de todos. Como respuesta, comentó que él, constantemente había muerto a manos de otro con un disparo, que le dieron por acá cerquita de las costillas o en la espalda o en el cuello, pero que nunca había muerto en llamas.
A partir de ahí, esos nuevos amigos, se buscaron cada día, frente a las puertas del cielo.

Friday, June 12, 2009


me gustaba ese vestido escocés que se fue junto con toda mi ropa en una maleta que dejamos botada al volver de chillán en departamental con la panamericana donde ahora hay una botillería a la que mi papá pasa a comprar cigarros cuando viene del trabajo en el auto gris que se compró en el 2004 o 2003 por ahí después de vender el datsun café en el que jugaba a la escondida con mis amigos del edificio que quedaba en fernando lazcano en donde una vez el tío del furgón me subió al cuarto piso en brazos porque me había caído en el colegio al que fui de kinder a cuarto medio con un uniforme escocés que me recordaba a un vestido que echamos en una maleta que perdí en departamental con la panamericana.
me gustaba ese vestido escocés.

Monday, June 08, 2009

Gato por liebre.
Tuve un día la certeza de que entre la espuma rosada del cielo podía encontrar plantas medicinales o cosas que ayudan a hacer desaparecer la hambruna, la guerra y el dolor de los hombres, así que me aventuré a buscarlas sorbiendo del calor de un cigarrillo y bebiendo néctar y ambrosía en un pub de mala muerte.
No llegué más que al techo del local. Yo cacho que me vendieron unos guayitos no más, igual que el día que creí que en el cielo estaba la solución de todos los problemas.
Rumores de nadie.
Tenía la piel curtida en batalla, chamuscada y estirada a girones, los huesos rotos, trizados a tropezones; anquilosado. El cuerpo que envolvía su alma, destrozado, inservible. Minusválido. El especial don de convertir la ironía en seriedad, la frase hecha en creatividad, la grosería en ocurrencia. Se comía las palabras; no había pan de cada día más que la dialéctica. Nunca, siquiera, intentó comer notas musicales o beber sudor, no se molestó en atragantarse con tanta corchea, ni con esforzarse duro; para eso estaba Boris, el del cuarto piso o Silvia, la del segundo.
Escupía al cielo cada vez que se le ocurría; sangre, todas las noches que se tiraba desdeñosamente a una mujer en el baño del bar de la esquina, ese de mala muerte, tan típico de los escritores, que atendía hace tantos años Gladis, la de las manos sucias, Y ella, tan típica de escritores. Tan… ella. Rengueaba por el piso pegoteado de parqué, entre colillas de cigarrillos flaites mezcladas con la cerveza desvanecida y constantemente regada por los borrachos del barrio, esos que acostumbran ser morados por el día y marrones en la noche.
Con otra de esas colgando del labio y los dientes manchados de lápiz labial, acostumbraba pasearse entre las mesas y ofrecerles a los ebrios lo de siempre, porque no aceptaba a gente nueva en el cuchitril, y a los sobrios una patada en las canillas para flirteárselos… entre esos, el famoso Flavio, el de un ojo gris y el otro vaya a saber uno de qué color era, ya que nada podía verse bajo esa maraña de pelo grasiento, pegado al cráneo y rostro cortado probablemente en la cárcel. Calvario. Pueblo chico… como la vez que se rumoreaba por el barrio que se había metido con Estela, la del emporio, cosa poco creíble porque la joroba no le hubiese permitido estirarse en la cama, ni ponerse de pie para hacerlo en la ducha, pero a nadie le falta Dios. Uno nunca sabe. Sospechas vagas.
Solía comerse las uñas cuando nadie la veía. Guardaba las que quedaban enteras en un frasco que había sido alguna vez de jerez, del que tomaba su padre. El peor. Después de beber esos licores, atesoraba las botellas bajo la cama de la pieza de huéspedes, que por cierto, nunca hospedó a nadie más que a los ácaros, para que Magdalena no se las encontrara con tal de que no le armara un escándalo como el que le armó esa vez en la plaza de Mayo por quedarse mirando las botellas de la vitrina, mientras ella le conversaba de lo demacrada que estaba Mirna, que probablemente era porque se había separado de Octavio quien le ponía los cuernos desde hace tanto, y ella, la pobre nunca se había dado cuenta hasta que lo vio con Glenda en el bar de la esquina, ese de mala muerte, tan típico de los escritores, que atendía hace tantos años Gladis, la de las manos sucias.
Ese día, después de haberle dado un escuálido almuerzo a la vieja, se disponía a hacer uno de esos cuadros que cortan el tiempo en dos, como El Nacimiento de Venus, Guernica o El Grito, sin más objetivo que hacerlo. Quizás por eso nunca llegaría a lograr que así fuera. Vano. Ese aire de superioridad que había tomado desde hace un tiempo hacía que el color de las paredes se destiñera a su paso. Incoloro. Insípido; como el chuño de los enfermos del hospital de tres bloques más abajo, en donde había espontáneamente empezado a pintar en una servilleta, hace unos años atrás, esperando los resultados de sus exámenes, los que arrojarían una vez más el mismo resultado; hipocondría. La misma aburrida enfermedad que sufría Eugenia, víctima de los constantes desvaríos de su esposo; que te vas a poner gorda si te comes ese pastel, que te va a subir la presión con tanta sal, que te puedes caer subiéndote allí, hasta que hizo que se volviera obesa mórbida, hipertensa y anquilosada, como el escritor del sexto.

Wednesday, March 04, 2009

Confianza.
Confío en que el tiempo se divide y no se multiplica.
Confío en que los sueños no se acortan junto con los huesos.
Confío en que no hay cordillera, ni fronteras, ni distancias que separen a los hombres.
Confío en las cartas que no envié y en los sueños que jamás conté,
en los sentimientos que evité y en los consejos que nunca escuché.
Confío en las nubes de vino que palpé, mirando el sol partirse por la mitad.
Confío en el sonido de tus pasos, caminando hasta mi pecho,
confío en que pronto no serán un recuerdo, sino una certeza.
Confío en lo que produje en tu sangre;
en la capacidad de enamorarte que alguna vez pude tener.
Confío en la seguridad que se respira en nuestro abrazo;
en el talento puro que tienes de enamorarme hoy.
Confío en tí y en nuestra fuerza de voluntad
para hacer que el tiempo se divida y no se multiplique.
Confío en que mañana será otro día.

Tuesday, December 09, 2008

Resumen de noticias.
Por cada semáforo con botonera para ciegos, cerca de quince personas - videntes - que al día presionan compulsivamente y sin razón el botón, con la ilusa esperanza de que cambie a verde para cruzar - porque claro está, eso nunca sucede - un alien pequeñito contratado para trabajar en Servicios Secretos Anti Humanos, envía sus identidades robadas a la central marciana.
Copiando en una millonésima de segundo, la huella digital de quien se atreve a posar su inocente dedo índice (o medio) en el dispositivo de copiado, este microalien clona alrededor de tres camadas de humanos al día. Inimaginable es el número de humanos suplantados al pensar en la cantidad de semáforos con botonera para ciegos en toda la faz de la tierra.
Es importante recalcar que, como es común, esto se hace en muchas ocasiones, el alien de la SS marciana tiene el tiempo suficiente para copiar - figúrese usté, no contento con todo eso - no tan sólo nuestras huellas digitales, sino que también se toma la molestia de scannear el iris ocular, cuando, para verificar si efectivamente pusimos bien el dedo en el botón, nos contorsionamos hacia un lado y hacia abajo, sin perder de vista el color del peatón del semáforo.
Las identidades robadas van a dar finalmente, luego del completo proceso de clonación, a un nuevo planeta de humanos, en donde pueden los marcianos experimentar con ellos, considerando que los supuestos seleccionados random en la tierra son los más estúpidos y enfermos especímenes, los más fieles ejemplos de la "inteligencia humana" que aún creen que la luz roja cambia a verde con presionar un botón y en otras cosas como que el Mapocho algún día será un río limpio o que en todas las comunas habrá ciclovías.

Wednesday, November 26, 2008

en mi cabeza tengo arena, no me deja pensar

literatura · música · fotografía · pintura · diseño
creaciones de consueloser