Bonzo y Quemarropa.
Él recordaba que esa tarde, caminando por el paseo peatonal, le había comentado a su nuevo amigo, que tenía un nuevo plan para llamar la atención de todos. Como respuesta, comentó que él, constantemente había muerto a manos de otro con un disparo, que le dieron por acá cerquita de las costillas o en la espalda o en el cuello, pero que nunca había muerto en llamas.
A partir de ahí, esos nuevos amigos, se buscaron cada día, frente a las puertas del cielo.
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